El poder de las multinacionales
La Opinión Pública
2 de septiembre del 2003
Las 200 empresas multinacionales más poderosas dictan la política mundial y el comportamiento de gobiernos y ejércitos. Son el verdadero poder que mueve los hilos del planeta.
Después de algunos titubeos, la palabra globalización se ha impuesto, diríase que definitivamente, para designar los cambios económicos producidos en las dos últimas décadas del siglo XX, y los cambios políticos, sociales y culturales relacionados. Puede que la impresionante manifestación de Seattle contra la reunión de la Organización Mundial del Comercio haya sido el momento simbólico de una toma de conciencia colectiva e internacional.
Antes de la que ha dado en llamarse "primera movilización del siglo XXI", hubo otras acciones que se describieron como protestas o revueltas contra la globalización, pero lo eran en un sentido objetivo, por así decir, independiente de la intención explícita de los protagonistas. En cambio, en Seattle había ya conciencia de resistir y protestar contra la globalización capitalista, y conciencia del ámbito realmente global de la protesta.
Polémicas
Podemos considerar casi zanjada la polémica que se venía desarrollando en los medios de izquierda acerca de la realidad o no de una globalización entendida como una etapa especial, como un salto, en la evolución económica del sistema dominante, que se habría producido más o menos en el último cuarto del siglo que acaba y vendría a definir los datos de partida del nuevo siglo, del que comienza. En la polémica de los años noventa, algunos autores vinculaban las posiciones de izquierda a la negación de la globalización: "un mito" según algunos, "nada más que imperialismo" según otros. El último libro de Marta Harnecker todavía rinde cuentas de esta polémica, y cita a Hirst y Thompson como los más voluntariosos defensores de esta negación, y muy merecidamente a François Chesnais como el especialista que más ha hecho para que la realidad de la globalización fuese aceptada y considerada desde una óptica marxista.
La verdad de esa larga polémica es que quienes, desde la izquierda, se obstinaban en negar la realidad de un salto en la interpenetración mundial del capitalismo, en el proceso histórico de formación de un mercado mundial o en la división internacional del trabajo, lo que realmente lograban demostrar eran las limitaciones y las contradicciones del salto dado. Ciertamente, la globalización del sistema capitalista no es la creación de un ámbito económico mundial barrido por corrientes niveladoras, integradoras y enriquecedoras, como pretenden los entusiastas del mercado. De un lado tiene limitaciones insalvables, por ejemplo, el porcentaje de la producción mundial destinado a la exportación, aún hoy, ronda tan sólo el 15%(3). De otro lado, presenta desigualdades crecientes, pues el comercio mundial (en más de un 50%) y la inversión de capital en el extranjero (en más de un 75%) se concentran en tres únicos polos: EEUU, Japón y la UE. Y excluye áreas enormes del planeta, en África por ejemplo, marginándolas de los flujos de mercancías y de capitales. Negando los mitos de la globalización, este sector de la izquierda cayó en pensar que la propia globalización era un mito. Queriendo destacar las limitaciones y contradicciones del hecho, vino a decir que el hecho no existía. Hoy las cosas están más en su punto: la globalización es una realidad económica, un verdadero salto en la concentración mundial del capital, pero un hecho contradictorio, atravesado por fuertes corrientes desniveladoras, desintegradoras y excluyentes de países y de seres humanos.
Hasta hace poco la izquierda mantenía viva otra polémica. La globalización económica, para algunos, vendría a ser un resultado perverso de las políticas neoliberales de ciertos gobiernos de la derecha. Y apenas nada más. Quizá James Petras fuese el más conocido defensor de este punto de vista. La conexión compleja entre los hechos económicos, sociales y políticos, los cambios tecnológicos, los efectos de la concurrencia capitalista sobre la concentración de los capitales, el agotamiento de otras vías de desarrollo del capitalismo, etc., se dejaba entonces en la sombra. Pero ahora asistimos a una conciencia mayor en los movimientos sociales y partidos de la izquierda, del carácter "global" de la propia globalización, en el sentido de que se trata de un proceso con dimensiones políticas, pero también técnicas, económicas, sociales y culturales; en definitiva, de un giro histórico notable del capitalismo. Si admitimos que la cumbre internacional convocada desde Chiapas fue, antes de Seattle, la convocatoria más significativa de los tiempos que corren, cabe recordar su lema: Por la humanidad contra el neoliberalismo.
Poner la atención en las políticas neoliberales, con preferencia a la globalización, era característico de toda la izquierda de los años noventa. En Seattle, en cambio, la
protesta contra las nuevas propuestas "liberalizadoras" de la Organización Mundial del Comercio ya se llamó protesta contra la globalización.
Es un progreso. A través de las polémicas, la izquierda está admitiendo que la globalización designa un giro económico notable en el desarrollo del sistema capitalista y está ya investigando sus características, sus efectos de todo orden y buscando las mejores estrategias a seguir.
Empresas mayores que Estados
Además, las primeras definiciones de la globalización eran todavía muy abstractas. Manejaban conceptos demasiado amplios de manera muy poco precisa: "subordinación de la política a la economía", "funcionamiento del capital como unidad mundial en tiempo real", "capitalismo especulativo", o la que hizo mayor fortuna: "dictadura de los mercados". En los últimos tiempos se suele identificar con otra idea: "la economía Internet" o "nueva economía". Cada una de estas definiciones pone el acento en una particularidad real de la globalización, y ofrece un punto de partida para su investigación en profundidad. Pero poco a poco, todas estas líneas de investigación han ido confluyendo en torno a un hecho primordial, el más fundamental de esta etapa económica: el dominio abrumador de un reducido número de empresas transnacionales de dimensiones gigantescas, mayores que Estados, sobre la producción, el comercio y las finanzas mundiales.
La concentración del capital mundial en estos grupos o Compañías, en una proporción aplastante, que implica modificaciones de todo tipo, en la economía, en la sociedad, en la vida política, en la cultura, etc., es seguramente el aspecto más definitorio de la globalización. Se trata de algo muy concreto. Aproximadamente un tercio de todo el comercio mundial se realiza dentro de las 37.000 "multinacionales" censadas en 1994, entre sus casas matrices y sus filiales, y otro tercio entre unas y otras, en definitiva dentro del sector multinacional.
Pero incluso estas cifras son pobres para retratar la realidad de la globalización. Hay que quedarse con las 200 mayores empresas, por ejemplo, para lograr una imagen realista del sistema económico que gobierna la vida material de los seis mil millones de seres humanos que habitamos este planeta. Clairmont y Cavanagh tienen el mérito de haber señalado a los verdaderos amos del mundo, al revelar el poder real, concreto, físico, de los 200 mayores grupos transnacionales. La cifra de negocio anual de estos gigantes es nada menos que la cuarta parte (26,3%) de la producción mundial, crece a un ritmo doble de lo que crece el Producto Interior Bruto de los 29 países industrializados que integran la OCDE, y supera ya a la producción total sumada de los otros 182 países que no forman parte de la OCDE, pero donde vive la inmensa mayoría de la humanidad.
Aquí no estamos ya en el terreno de los conceptos, sino en el de las fuerzas físicas, con sus nombres y apellidos y sus modos de actuar, confrontados a la realidad de un poder que se eleva sobre todos los demás poderes humanos de una manera muy clara y agresiva. Por eso no es un slogan izquierdista ni una frase de efecto decir que la globalización es la dictadura económica mundial de 200 multinacionales, más o menos. Y poco a poco, entre las fuerzas sociales y políticas que resisten a los efectos de la globalización y se preguntan sobre las alternativas, se está llegando precisamente a esta conclusión.
Nombres y apellidos
La lista de estos 200 gigantes está en perpetuo movimiento, precisamente porque las fusiones y absorciones entre ellas, y entre las mayores de ellas, constituyen uno de los medios principales de mantenerse en la cumbre de esta pirámide del poder económico. Pero, para dar nombres, enumeremos, por ejemplo, a algunas de las mayores empresas transnacionales de carácter no financiero: Shell, General Motors, Ford, Exxon, IBM, Exxon, AT&T, Mitsubishi, Mitsui, Merck, Toyota, Philip Morris, General Electric, Unilever, Fiat, British Petroleum, Mobil, Nestlé, Philips, Intel, DuPont, Standard, Bayer, Alcatel Alston, Volkswagen, Matsushita, Basf, Siemens, Sony, Brown Bovery, Bat, Elf, Coca-Cola... entre las clásicas; Microsoft, Cisco, Oracle, entre las nuevas. Entre los bancos: IBJ/DKB/Fuji, el Deutsche, BNP/Paribas, UBS, Citigroup, Bank of America, Tokio/Mitsubishi...
¿Dimensiones de estos gigantes? Si nos atenemos a sus ventas, las de General Motors han superado la producción nacional de Dinamarca y de cerca de otros doscientos países. Si nos fijamos en su valor bursátil, sólo había en marzo de este año, en todo el mundo, diez Estados cuya producción nacional superase en valor al de las acciones de la empresa de sistemas de Internet Cisco Systems. Si hablamos de beneficios, los que repartió entre sus accionistas la General Electric en 1997 superaban la producción anual compartida por los 40 millones de habitantes del Congo-Zaire. Si hablamos de empleados, los de la General Motors superan a las fuerzas armadas de muchos Estados del mundo.
Pero detrás de los nombres de las empresas que dominan el mundo están los nombres y apellidos de sus propietarios. Y llegados a este punto, la globalización nos enfrenta con una oligarquía mundial de una riqueza y de un poder tan concentrados como no se vieron en ninguna otra etapa histórica de la humanidad. Casi nada queda de la vieja aristocracia de siglos atrás, si no tuvo la precaución de participar de las grandes empresas capitalistas, cosa que sí han hecho las familias reales de Gran Bretaña y Holanda, o algunas dinastías árabes. Estas dinastías supieron transformar sus viejos privilegios de sangre en acciones contantes y sonantes. Pero ahora el sistema capitalista creó a lo largo del siglo XX nuevas dinastías, mucho más poderosas que las de siglos atrás. Sus apellidos ya no nos remiten a unas tierras, sino a un automóvil, un chocolate, una nevera o una cerveza. Entre los más ricos de los ricos, muchos nombres de familia están en los escaparates del capitalismo: Guinness, Ford, Philip, Merck, Ferrero, Henkel, Peugeot, Bosch, Dassault, Michelin, Heineken o Barilla... Son sus mayores accionistas. Y hay otros apellidos no menos, sino más conocidos que los nombres de sus empresas, como el del ser humano supuestamente más rico del mundo, al menos hasta este mes de abril: Billy Gates (Microsoft), o el famosísimo especulador Georges Soros, o Larry Ellison, de Oracle, que según dicen ha destronado a Gates. En fin, junto a estos novísimos ricos hay familias industriales y financieras muy antiguas, casi con solera: las de los Agnelli, amos de la Fiat, los Quandt (40% de BMW), los Rothschild, los Rockefeller de la Stardard Oil, en España los Botín del BSCH. Cuando se cita ese dato espeluznante de que 225 de entre estos multimillonarios poseen fortunas personales superiores a los ingresos anuales de 2.500 millones de personas, las más pobres del planeta, hablamos de su injusta e insultante riqueza. Pero cuando los relacionamos con la propiedad de esas 200 empresas que concentran una desproporcionada parte del capital mundial, entonces hablamos ya de su poder, no sólo de su riqueza. Más escandalosa que su riqueza es el hecho de que, para mantenerla y acrecentarla, dirigen en provecho privado una parte tan notable de la fuerza productiva de la humanidad, que convierte al resto de las personas en súbditos suyos, y como tales, explotados, expoliados o empobrecidos.
Mercado y monopolios
Explicar la globalización como un triunfo del mercado no deja de ser una ironía. Estamos hablando de empresas cuyo dominio sobre el mercado presenta muy pocas fisuras. A través de una escalada de macrofusiones, va quedando en cada sector económico un número tan reducido de empresas que, por acuerdo mutuo, están en condiciones de determinar para bastante tiempo, no sólo los precios de venta, sino incluso los precios de compra. Imponen a las empresas menores que les suministran materias primas y auxiliares, componentes y productos semiacabados, precios de compra imposibles. Se habla de "triunfo del mercado" en un sentido propagandístico, cuando los gobiernos desmantelan los viejos monopolios nacionales y liberalizan el sector. Pero la consecuencia es la ocupación del sector, a una escala continental o mundial, por media docena de compañías multinacionales que dejan muy poca libertad al mercado. Con ocasión de la reciente fusión entre Volvo y Renault, se hizo patente que entre sólo tres grupos transnacionales copaban el 65% de todo el mercado mundial de camiones. Y entre cinco cubren casi el 60% del de automóviles. Las 10 primeras empresas de comunicaciones controlan el 86% del mercado...
Pero la conciencia de que la globalización no es tanto libertad de mercado como concentración monopolista de alcance mundial está sobre todo vinculada al proceso que las autoridades norteamericanas de vigilancia de la competencia emprendieron contra Billy Gates y su empresa Microsoft. La política de Billy Gates, que encarna como nadie al capitalismo actual, es un ejemplo de utilización de una elevadísima cuota de mercado (en este caso en Software) para imponer otro producto suyo (Explorer) contra los de la competencia. Este poder puede servir para innovar (en teoría), lo mismo que para controlar y suprimir, si cabe, la investigación.
Precisamente la creciente importancia de la conexión informática entre empresas y particulares se ha convertido en un terreno especialmente propicio para prácticas monopolistas. La red que, en principio parecía un nuevo espacio de libertad, es objeto hoy de la especulación de las mayores empresas del mundo, en casi todos los sectores. Aspiran a convertirla en una red cautiva desde la cual imponer la circulación de sus productos y excluir los de la competencia.
Especulación y producción
Los primeros análisis de la globalización comenzaban por destacar, sobre todo, la amplitud y la violencia de los movimientos especulativos del capital, a lo ancho del mundo, y las dimensiones del capital de especulación, que apenas entraba en la inversión productiva. La importancia del fenómeno era tal que algunos vieron la globalización como un capitalismo donde el beneficio especulativo dirigiría la producción. Se ponía tanto énfasis en este aspecto parcial de la realidad, que a veces se ocultaba la otra cara de la moneda: que este parásito insaciable que es el capital especulativo, no puede alimentarse de meros títulos (acciones, bonos, etc.) sino que devora materia viva. Por grande que sea la especulación, no vive del aire, sino que consume la parte de la producción que queda como beneficio de las empresas. El capital ocioso sólo puede reventar como un globo vacío o vivir alimentándose de las ganancias del capital productivo (del que es un parásito).
Poco a poco ha ido quedando también más claro que los agentes principales de la especulación son las mismas empresas multinacionales, financieras o no. La inversión meramente especulativa es una parte complementaria de la actividad económica principal de casi todas estas 200 empresas, financieras, industriales, o comerciales, hacia la que canalizan su capital "sobrante" (que no pueden invertir con los mismos márgenes de ganancia en su actividad principal) o inmovilizado, como ocurre con los fondos de pensiones. Como la mayor parte de los movimientos especulativos son anticipaciones de decisiones de política industrial o comercial, los grupos transnacionales se parecen a aquellos que en las apuestas sobre carreras y combates son a la vez apostadores y competidores, por lo que ganan casi siempre. Las compras o ventas de títulos, divisas, bonos, etc., por parte de los especuladores ligados a las grandes transnacionales anticipan las fusiones, ampliaciones o crisis de sus propias empresas, sea para ampliar las ganancias, sea para compensar las pérdidas.
En los últimos años se ha hablado sobre todo de estos fondos privados de pensiones. Los fondos de pensiones están formados por una parte del salario aplazado del trabajador, que la empresa negocia en la esfera financiera, antes de retornarlo a sus asalariados (si no hay quiebra) como pensión de jubilación. Parece que las dimensiones de estos fondos superan ya las de los bancos. Los de las tres grandes del automóvil norteamericano (Ford, General Motors y Chrysler) en 1995 doblaban de sobra "las reservas del Estado japonés, que es el Estado que tiene más reservas en el mundo".
Más recientemente destacan los intentos de las grandes empresas de pagar a sus empleados en acciones a largo plazo (Telefónica), convirtiendo así una parte del salario en capital de especulación, animando la tendencia observable en Estados Unidos a convertir el ahorro popular en capital de especulación, incluso de especulación de alto riesgo.
Colonización y destrucción de recursos
Las multinacionales tienen patria: la de sus propietarios mayoritarios. De eso no debe caber la menor duda. Las 200 mayores tienen sus sedes bien establecidas en tan sólo 17 países de los 211 Estados independientes que cuenta la tierra. Pero 176 de ellas, según Clairmont, están radicadas en sólo 6 potencias financieras. Bastante más de una tercera parte (74) son norteamericanas. Para que no quede duda de que se trata de lo más parecido a un club de 200 bandidos, la única multinacional española contada entre ellas es Telefónica, es decir una empresa cuyos beneficios están asociados, según los sindicatos, a la sobreexplotación del trabajo precario; según los consumidores, al monopolismo y al fraude; según los países latinoamericanos donde se ha instalado, al colonialismo; una empresa en cuya dirección reina, según los partidos de izquierda, el nepotismo político y la corrupción.
Después de Estados Unidos, el Estado donde están radicadas más multinacionales es Japón, con 152 de las 500 mayores no estadounidenses; hay 75 inglesas, 47 francesas, 42 alemanas, 22 canadienses, y 15 italianas, por lo que el Grupo de los Siete (el G-7) viene a representar al 80% de las multinacionales. Fuera de este grupo, apenas Suiza, Corea, Suecia, Australia, y Holanda pasan de la docena.
El caso es que la nacionalidad de las 200 multinacionales traza un mapa del reparto del poder en el mundo entre los Estados, con más precisión que cualquier otra circunstancia económica (demografía, crecimiento de la producción, recursos naturales, nivel cultural...).
Todos sabemos el peso de la tecnología en la eficiencia productiva. Imaginemos que un Estado quiere competir en este terreno, dedicando medios humanos y financieros a la investigación. ¿Pero acaso un Estado, como fuerza económica, puede medir sus recursos con los de uno de estos gigantes del capital privado, capaz de monopolizar la investigación científica en varios países? Hoy los países industrializados acaparan el 97% de las patentes, monopolizando el progreso.
Como consecuencia, la desigualdad entre países ricos y pobres no puede verse como un punto de partida. Debe considerarse como un efecto constante y creciente del sistema económico mundial. Si en 1960, el 20% más rico de la humanidad disponía de una riqueza 30 veces mayor que el 20% más pobre, hoy la proporción es de 74 veces.
El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, teóricamente creados para facilitar el crédito a los países necesitados para su desarrollo o en crisis y emergencias, se convierten en instituciones que indirectamente potencian el dominio de las grandes multinacionales. Naciones que son por recursos naturales y humanos verdaderas potencias, como Brasil, México o Pakistán, permanecen sometidas a través del crédito (la Deuda externa). El crédito se renueva sobre la base de condiciones cada vez más duras y precisas, pero siempre favorables a la implantación de las multinacionales de los países acreedores en los países deudores. Y la ayuda al desarrollo, nada generosa, se utiliza con los mismos fines. De este modo, las líneas aéreas, telefónicas, eléctricas, férreas, y hasta la tierra, los bosques y los ríos de los países más poblados del mundo van pasando a manos de las compañías transnacionales, acentuando su dependencia económica y sus dificultades para abordar un desarrollo autónomo y sostenido.
Las movilizaciones del pueblo mapuche contra la presa de Biobío, de los bolivianos de Cochabamba contra las tarifas del agua, han sacado a la luz el poder que las multinacionales (en estos casos españolas: la FECSA-Enher en Chile, y la Abengoa en Bolivia) han llegado a adquirir en estos países y en muchos otros, y de la manera destructiva en que lo utilizan. En los gravísimos conflictos por la tierra que vive Latinoamérica desde México hasta el sur de Chile, en la resistencia a la deforestación de sus selvas, en las luchas en torno a los precios del café o de otros productos agrícolas, lo que subyace es la penetración de capital transnacional interesado en el control de las materias primas del planeta. Como poderes extranjeros arrasan la cultura y la naturaleza que encuentran a su paso, con más violencia que los conquistadores de hace cinco siglos. El peso adquirido por las multinacionales bien podría llamarse recolonización. Las cadenas del viejo colonialismo militar, tras un paréntesis de independencia, reaparecen en la etapa de la globalización como cadenas financieras y económicas, pero no por ello menos pesadas.
Deslocalización, paro y precariedad
El efecto social que nos es más próximo es el crecimiento del paro y la precariedad, cuyo salto en las últimas décadas debe considerarse el reverso de la concentración del capital internacional que llamamos globalización.
La globalización no extiende la producción, la concentra. Incluso los momentos de auge económico de las últimas tres décadas presentan índices de crecimiento de la producción inferiores a los de las dos décadas anteriores. Al concentrarse la producción, aumenta la productividad del trabajo, pero al precio de expulsar mano de obra en proporciones siempre mayores hacia empleos menos cualificados y peor pagados, precarios o sencillamente al paro. Las reformas laborales que han ido recortando los derechos adquiridos de los trabajadores a fuerza de luchas sindicales y políticas, han sido hechas para adaptar la legislación a las condiciones que querían imponer las mayores empresas.
Desde los primeros años ochenta, todavía antes de que se produjesen los cambios de legislación laboral más importantes en Europa, se hizo notar una característica del capital transnacional: su deslocalización, su facilidad, no absoluta por supuesto, pero sí real, de desplazar sus inversiones productivas de un país a otro, de una ciudad a otra, a la busca de las llamadas "ventajas comparativas". Y entre ellas, una legislación laboral ventajosa para la empresa era y es una de las más importantes. Así, desde la década de los ochenta comenzó una sorda pugna entre los Estados y las ciudades para atraer la inversión de las mayores de estas empresas, lo que contribuyó no poco a recortar los derechos obreros. En los EEUU, donde llegó más lejos esta tendencia, los sindicatos practicaron una política suicida llamada de "concesiones", por la que competían entre ellos, los de una ciudad contra los de otra, ofreciendo a las empresas acuerdos ventajosos para retenerlas o para conseguir sus inversiones, con un coste elevado para los asalariados.
Y si esto hacían algunos sindicatos, no puede chocarnos que los parlamentos, unos tras otros, fuesen adaptando el mercado laboral a las pautas que reclamaban las empresas multinacionales con tal de mover fácilmente sus inversiones: del coste humano ya se ocuparían los subsidios de desempleo...
Hoy, por desgracia, nuestros sindicalistas están acostumbrados a oír las amenazas fundadas, o incluso los faroles de su empresa transnacional: "si no os parece bien, llevaremos la producción a tal o cual país".
Política y economía
La idea de que la globalización sustituye la economía por la política podría muy bien ceder su sitio a otra idea más precisa: el poder político de la inmensa mayoría de los Estados hoy existentes nada o casi nada puede frente a empresas de dimensiones superiores a los Estados.
Al menos, mientras esos gobiernos y esas empresas se muevan en un mismo terreno, el de la economía capitalista mundial. ¿Y qué gobiernos se sienten en condiciones de moverse fuera de la esfera del mercado mundial capitalista? En todo caso, no los que hoy conocemos.
Todos los gobiernos que hoy existen tratan de establecer convenios con las empresas multinacionales, en una relación de fuerzas muy desequilibrada a favor de las últimas. La política fiscal, el precio de los terrenos, la calidad y la programación de las infraestructuras, la legislación laboral, la docilidad de los sindicatos, la venalidad de los políticos y de la justicia, y otros muchos factores entran en juego cuando la Volkswagen, por ejemplo, trata con el gobierno de Madrid y el de Praga para decidir sus inversiones. Antes se decía: "lo que es bueno para la General Motors es bueno para los Estados Unidos". Pero esta asociación entre el interés de las grandes empresas y el interés nacional sólo tiene sentido en seis o siete países en todo el mundo. En los demás, el interés de la multinacional extranjera pesa más en la balanza que el llamado interés nacional. En estos momentos, Gran Bretaña vive una crisis laboral por la decisión de la BMW de abandonar la Rover, que cuenta con 18.000 obreros y de la que dependen hasta 50.000 empleados en la industria auxiliar. La empresa alemana había exigido al gobierno de Tony Blair que entrase en el euro, y al no conseguirlo, optó por vender su filial inglesa a una compañía gestora. La operación implica despidos por encima de los 5.000. Pero uno de los posibles compradores finales, Ford, también planea cerrar una factoría inglesa (y más de 3.000 despidos). Para colmo, Honda anunció por las mismas fechas recortes de su producción en Inglaterra de hasta el 50%. En una de las grandes potencias industriales, decisiones de política económica nacional al más alto nivel, como lo es la adhesión o no a la unidad monetaria europea, se discuten entre un gobierno a la defensiva y unas pocas empresas multinacionales extranjeras prepotentes. El empleo y el salario para decenas de miles de hogares ingleses están en juego. Casos como éste, se dan todos los días, y no sólo en los países pobres ni medianos.
Las decisiones políticas de Estados más débiles son todavía más manejables. En 1989 la Siemens AG destinó una pequeña partida de sus superbeneficios (una propina de 369 millones de pesetas) a uno de los patrones de Filesa para que el gobierno de Felipe González adaptase los planes del tren de alta velocidad español (AVE) a los intereses de la empresa alemana. Esta práctica es de lo más corriente. Lo raro es que un tribunal llegue a sacarla a la luz. Lo imposible es que ninguna justicia basada en el derecho de propiedad privada llegue a impedir que la voluntad de los gobiernos, partidos y parlamentos se acabe rindiendo ante propinas tan generosas. Ni siquiera el poder político del más fuerte de los Estados hace temblar a quienes se saben verdaderos amos del mundo, en cuanto a poder económico. De cara a la galería, la condena de Microsoft por monopolismo puede pasar por ejemplo de supremacía del poder político sobre el económico. Pero resortes muy poderosos actúan detrás del escenario judicial. La empresa de Billy Gates recientemente formó un lobby en Washington con la misión de comprar la voluntad de políticos influyentes de los dos partidos. Una empresa cuyo valor en bolsa ha perdido sumas comparables al valor de la producción nacional anual española, ¿acaso no puede destinar fondos capaces de garantizar que la administración presidencial norteamericana que surja de las próximas elecciones sea más propicia a los intereses de Microsoft? Por supuesto que puede hacerlo, y que así se financian las campañas. Mientras la política se mueva dentro de las reglas de juego del sistema capitalista (propiedad privada, beneficio, mercado), la supeditación creciente de la política de los Estados al interés económico de las empresas es una consecuencia de la concentración del capital mundial en 200 o poco más de ellas.
Guerras
Como algunas de las mayores compañías de prensa, radio y televisión pertenecen a este selecto club de las multinacionales, y como los restantes medios de difusión dependen de las otras grandes empresas, no podemos esperar que nos informen de los intereses más sórdidos que están en juego en las guerras. Una parte de los aspectos políticos e incluso ideológicos implicados en las guerras de nuestros días aparecen en los medios de comunicación, aunque evidentemente deformados, cuando no falsificados. Pero la censura es mayor, sin ningún género de dudas, en lo que toca a los móviles económicos de las guerras y la implicación de las empresas.
Y sin embargo, la guerra, que la humanidad padece como una explosión de irracional barbarie, no deja de figurar como un mercado importantísimo en las previsiones de algunas de las instituciones más influyentes de nuestra época, concretamente de las multinacionales. Y no sólo de las empresas de armamentos. Los propios móviles de la guerra son valorados, aprobados o descartados, por las mayores empresas mundiales.
La guerra del Golfo en 1991 es el ejemplo más claro, pero no el único caso. Se luchó por el control de las fuentes y de los precios del petróleo. Y la participación de los Estados fue "estimulada" con las generosas donaciones que el grupo kuwaití KIO distribuyó a los políticos, y también con ofertas variadas de participación en los previsibles negocios de la reconstrucción. También la guerra de Chechenia es una guerra petrolera por la ruta del crudo del Mar Caspio.
La implicación personal de lo que los rusos llaman "la familia" del Kremlin en las empresas rusas del sector (Lukoil, Gazprom) explica su obstinación en exterminar a este pueblo que se interpone entre Moscú y los oleoductos. Pero la escandalosa complicidad occidental tampoco puede separarse de la asociación de las principales petroleras angloamericanas en el consorcio internacional que explota el petróleo transportado por Rusia a través de Chechenia. Basta considerar el elevado número de petroleras que hay entre las mayores transnacionales para comprender también la importancia de esta materia prima en todos los escenarios de guerra, en las maniobras estratégicas de las grandes potencias y alianzas (la OTAN en el Este de Europa), y en otros
dramáticos acontecimientos recientes como el genocidio de Timor Oriental.
Todos estos hechos, más que otros, han potenciado la conciencia de que la globalización, como proceso económico, se confunde con la concentración del capital en un número tan reducido de empresas que, por su talla y su poder, se elevan sobre muchos de los actuales Estados, y de esta manera modifican también las condiciones políticas y culturales de nuestra vida.
Esta conciencia no aporta todavía soluciones, sino incógnitas. Muchos de los recursos empleados por los pueblos, sus ciudadanos, sus trabajadores, los sindicatos y partidos, en las condiciones históricas anteriores, se revelan ahora poco eficaces y requieren una reconsideración y una renovación. Pasando del terreno económico al político, parece que la resistencia y la protesta contra la globalización se encuentra en fase de tanteos y de reflexión, o quizá de respuestas parciales, lejos todavía de una alternativa global. Pero es legítimo pensar que a una alternativa global sólo llegaremos después de muchos tanteos y a base de combinar muchas alternativas parciales. Y quizá desarrollando en la propia sociedad civil un poder de otra naturaleza que el de los actuales Estados, no sólo capaz de cambiarlos sino de sustituirles por un poder de mayor envergadura social. Quizá sea este poder de una sociedad civil alternativa el que, desarrollándose, llegue un día a estar en condiciones de medirse con el poder, hoy por hoy incontenible, de la oligarquía financiera mundial que a través de unas pocas centenas de compañías capitalistas tiene a la humanidad en un puño.
La nueva geopolítica
El término “geopolítica” pareciera al principio venir de otra era, de fines del siglo XIX. Por geopolítica o competencia geopolítica quiero significar la contienda entre grandes poderes y aspirantes a ser grandes poderes por controlar territorios, recursos y posiciones geográficas importantes, tales como puertos, canales, sistemas de ríos, oasis, y otras fuentes de riqueza e influencia. Si usted mira hacia atrás, se encontrará con que tal tipo de enfrentamientos ha sido la fuerza dirigente en la política mundial y especialmente del conflicto mundial en gran parte de los siglos recientes.
La Geopolítica, como un modo de análisis, fue muy popular desde finales del siglo XIX y hasta la primera parte del siglo XX. Si usted estudiaba entonces lo que los académicos llaman hoy día relaciones internacionales, habría estado estudiando geopolítica.
La Geopolítica, como un modo auto-consciente de análisis, se murió en el período de la Guerra Fría, parcialmente debido a los ecos de la aborrecida ideología hitleriana del Lebensraum pero también porque había una cantidad de paralelos entre el pensamiento geopolítico clásico (que provenía de la rama conservadora de la academia) y el pensamiento marxista-leninista, que chocaban con las pretensiones ideológicas de los estudiosos de la Guerra Fría. Por eso, no es una forma de análisis que usted vea enseñar hoy día en la universidades de EEUU.
La Geopolítica fue también una ideología a fines del siglo XIX y comienzos del XX, un conjunto auto-consciente de creencias que guiaban la acción de líderes y élites de las grandes potencias. Era el pensamiento detrás del imperialismo del período, la lógica para la adquisición de colonias con específicas localizaciones geográficas. Los incidentes que llevaron a la Primera Guerra provienen de este modo de pensar, tal como en el incidente de Fashoda (1898) sobre las fuentes del Nilo, que casi llevó a un conflicto entre la Tercera República francesa y la Inglaterra victoriana.
En el caso de los EEUU, llegó a ser la forma de pensamiento dominante en los tiempos de Teddy Roosevelt, y condujo muy conscientemente a la decisión de Roosevelt y sus asociados de hacer de EEUU un imperio. Este fue un proyecto consciente. No fue un accidente. La guerra con España fue un dispositivo intencional por el que EEUU adquiría un imperio. La guerra hispano-americana y la ocupación de las Filipinas fueron seguidas rápidamente por la toma de Panamá, abiertamente justificada por la ideología geopolítica. Para ver cuan auto-consciente era este proceso, recomiendo leer el libro de Warren Zimmermann, First Great Triumph (New York: Farrar, Straus and Giroux, 2002). Son sorprendentes los paralelos con el momento actual.
Después, la ideología geopolítica fue apropiada por Hitler y Mussolini y por los militaristas japoneses, para explicar y justificar su conducta expansionista. Y fue esta conducta expansionista -que amenazó a los intereses geopolíticos de potencias opuestas-lo que llevó a la Segunda Guerra Mundial, no las políticas internas de Alemania, Italia o Japón.
Durante la Guerra Fría esta ideología desapareció en algún grado, a favor de un modelo de competencia ideológica. Esto es, la ideología geopolítica aparecía como inconsistente con justificaciones elaboradas (en que figuraban ampliamente puntos como la “democracia” y “ libertad”) para intervenciones en el tercer mundo.
Pero en realidad, si se estudia la historia de la Guerra Fría, los conflictos abiertos que ocurrieron fueron conscientemente enmarcados por el punto de vista Americano en una orientación geopolítica. EEUU tenía que controlar el Medio Oriente y su petróleo. Esa fue la base de la Doctrina Truman, de la Doctrina Eisenhower y de la Doctrina Carter. Los EEUU tenía que controlar partes de África, por su riqueza minera en cobre, cobalto y platino. Es por eso que EEUU respaldó al régimen apartheid en Sud Africa. Y la razón para las guerras de Corea y de Vietnam fue entendida en los altos niveles en términos del interés de EEUU por el control de la cuenca del Pacífico.
En estos días estamos presenciando un resurgimiento desenfadado de la ideología geopolítica entre los cuadros dirigentes de las grandes potencias, sobre todo en los EEUU. De hecho, la mejor manera de ver lo que está pasando en Irak, y en cualquier otra parte, es bajo el prisma geopolítico. Los líderes americanos se han embarcado en el clásico proyecto geopolítico de asegurar el dominio de EEUU sobre las más importantes áreas de recursos, entendidas como fuentes de poder y de riqueza. Hay una consistencia ideológica en lo que están haciendo, y es proporcionada por este modo geopolítico de pensar.
Quizás pueda preguntarse cuán consciente es todo esto, pero se puede notar este modo de pensar en el discurso público de muchos líderes contemporáneos. Dick Cheney, y especialmente algunos prominentes neoconservadores, pero también Demócratas como Znigniew Brzezinski, hablan de esta manera. Ellos declaran abiertamente que EEUU está trabado en una lucha por mantener su poder frente a otras grandes potencias y que América debe prevalecer.
Ahora, usted puede preguntar, ¿qué grandes potencias contendientes? Desde nuestro punto de vista es demasiado obvio que no existe ninguna. Pero si usted lee lo que estos tipos escriben y escucha lo que dicen, encontrará que están absolutamente obsesionados por la emergencia potencial de grandes poderes rivales: Rusia, China, una combinación europea, Japón y aún la India.
Esta es la esencia de la Doctrina Wolfowitz, articulada por primera vez en el Pentágono, en el documento Defense Planning Guidance documento para 1994-1999, filtrado a la prensa por primera vez en Febrero 1992.). Este documento llama a una intervención militar proactiva de los EEUU a fin de paralizar y prevenir el ascenso de un par (o un igual) competidor, y afirma que los EEUU debe hacer todo para impedir que esto ocurra. En su momento, esta declaración fue recibida con tales aullidos de ultraje por los aliados de EEUU, y el Presidente Bush de entonces debió retirar el documento, que fue revisado para sacar este lenguaje.
Pero la doctrina se colgó de los escritos del think-tank de los 90s, reemergiendo como la política militar global oficial de la administración de Bush II. Ahora ha sido incorporada como el principio central del documento conocido como National Security Strategy of the United States of America (September 2002), que se puede bajar del website de la Casa Blanca. Este documento declara explícitamente que el propósito final de la potencia americana es prevenir el ascenso de una gran potencia competitiva, y que los EEUU usará todos los medios necesarios para prevenir que eso ocurra, incluyendo la fuerza militar preventiva cuando sea necesario, pero también mediante aumentos en el gasto militar que ningún competidor pueda jamás sustentar.
Con estos antecedentes, escasamente podría dudarse que el propósito de la guerra de Irak es para redibujar el mapa geopolítico de Eurasia, de modo que asegure un poder americano embebido y dominante en la región frente a la Unión Europea-la competencia potencial.
Demos un paso atrás, por un momento, y regresemos al pensamiento geopolítico clásico de la primera parte del último siglo, particularmente los puntos de vista de Sir Laford Mackinder, de Gran Bretaña. En esta perspectiva se sostenía que Eurasia era la parte más importante -“the heartland”, del mundo civilizado, y quien quiera que controlara esta “heartland”, por definición controlaba al resto del mundo, por la concentración que había allí de población, recursos, poder industrial. En el pensamiento geopolítico clásico, la política mundial es esencialmente una lucha por quién controla el corazón de Eurasia.
Los estrategas de mediados del siglo XX vieron dos maneras a través de las cuales podía alcanzarse el dominio global. Una era a través de la emergencia de un poder continental (o de una combinación de poderes continentales) que dominaran Eurasia, y con ella, al resto del mundo. Fue precisamente este temor -que una Europa continental controlada por Alemania y Rusia, junto con el Japón, que dominara China y el Sur Este de Asia, emergiera como una gran potencia continental y dominara el “heartland” de Eurasia, reduciendo entonces a EEUU a una situación marginal-lo que galvanizó a los líderes americanos en los comienzos de la Segunda Guerra. Franklin D. Roosevelt estaba hondamente empapado en esta forma de análisis, y es este punto de vista estratégico-ideológico el que gatilló la intervención de EEUU en la Segunda Guerra Mundial.
La otra estrategia de dominio global que perciben los estrategas geopolíticos de principios del siglo XX era el control del “rimland” (las cuencas, los bordes) de Eurasia -esto es, Europa Occidental, la Cuenca del Pacífico y el Medio Oriente- y con esto, contener cualquier emergencia de una potencia en la zona decisiva (la heartland). Después de la Segunda Guerra, los EEU determinó que de facto mantendría presencia militar permanente en todos los bordes de Eurasia. Esto es lo que se llamó “estrategia de contención”. Y fue este punto de vista el que llevó a la formación de la OTAN, del Plan Marshall, la ASEAN, el CENTO y las alianzas militares con Japón y Taiwán. En el transcurso de la mayor parte del tiempo desde la Segunda Guerra Mundial, el foco estuvo en los extremos este y oeste de Eurasia-Europa y el Lejano Oriente.
Lo que está pasando ahora, creo, es que las élites de EEUU han concluido que las “rimlands” de Eurasia. Las del Asia del Este y la Europea, están bien aseguradas en manos americanas o que son menos importantes, o algo de las dos. El nuevo centro de competencia geopolítica, como lo ven, está en la zona Sur-Centro de Eurasia, comprendiendo el área del Golfo Pérsico, que posee los dos tercios de la riqueza mundial de petróleo, la cuenca del Mar Caspio, que posee una fuerte proporción de lo que sobra, y los países del Asia Central. Este es el nuevo centro de conflicto y lucha mundial, y la administración Bush está decidida a que los EEUU controle y domine esta área crítica.
Hasta ahora, las regiones periféricas de Eurasia eran la base del poder de EEUU, mientras en las regiones central-sur había sólo una modesta presencia de fuerzas norteamericanas. Sin embargo, desde el fin de la Guerra Fría, el realineamiento militar prioritario de EEUU ha causado el retiro de las fuerzas americanas en el Este de Asia y Europa y el reforzamiento de fuerzas en la región
centro-sur. Las bases de EEUU en Europa se han estado cerrando, mientras se establecen nuevas bases militares en el área del Golfo Pérsico y en Asia Central.
Es importante anotar que este es un proceso que comenzó antes del 11/9. El 11 de Septiembre dio un empujón a este proceso y produjo un mandato popular, pero esto fue enteramente casual, desde el punto de vista de los estrategas norteamericanos. Fue el Presidente Clinton quien inició el establecimiento de lazos militares con Kazajstán, Uzbekistán, Georgia y Azerbaiyán, y quien construyó la capacidad de EEUU para intervenir en el Golfo Pérsico y el área del Mar Caspio. La victoria militar en Irak no fue la victoria de Wolfowitz y Rumsfeld, fue Clinton quien hizo esta victoria posible.
La Guerra contra Irak fue lanzada para proveer a los Estados Unidos con una posición dominante en la región del Golfo Pérsico, y servir como punta de lanza para futuras conquistas y afirmación de poder en la región. Fue apuntada tanto contra China, Rusia y Europa como contra Siria e Irán. Es parte de un largo proceso de afirmación del poder dominante de EEUU en la zona central-sur de Eurasia, en el área decisiva (heartland) de este mega-continente.
Pero, ¿por qué específicamente ahora el área de Golfo Pérsico/Mar Caspio? En parte, esto es así porque aquí están localizadas las mayores reservas de petróleo-aproximadamente el 70 % de las reservas conocidas. Y usted tiene que pensar en el petróleo no justamente como fuente de energía -aunque esto es importante-sino como fuente de poder. Como lo ven los estrategas de EEUU, quien quiera que controle el petróleo del Golfo Pérsico, controla la economía del mundo y, con ello, tiene la última palabra frente a todos los poderes competidores.
En septiembre de 1990, el entonces Secretario de la Defensa Dick Cheney, dijo en el Comité de Servicios Armados del Senado que Saddam Hussein podría adquirir una “capacidad de estrangulamiento” sobre los EEUU y la economía mundial si capturaba los campos petrolíferos de Arabia Saudita junto con los de Kuwait. Esta es la principal razón, testificó, de por qué los EEUU debía enviar tropas al área para repeler a las fuerzas de Hussein. Cheney usó casi el mismo lenguaje en un discurso en agosto del año pasado ante los Veterans of Foreign Wars. Yo creo que en su mente está claro que EEUU debe retener una capacidad de estrangulamiento de la economía mundial, controlando esta área. Esto es tan importante, en la visión de la administración, como retener las ventajas de América en tecnología militar.
En diez años más, se espera que China sea totalmente dependiente del petróleo de las áreas del Golfo Pérsico y del Mar Caspio. Ese es el petróleo que necesita para sostener su crecimiento. Europa, Japón y Corea del Sur estarán más o menos en la misma posición. El control sobre el grifo del petróleo pudiera parecer una caricatura, pero es la imagen que ha motivado a la política de EEUU desde el fin de la Guerra Fría, y ha ganado todavía más
prominencia en la administración Bush-Cheney.
Esta región es también la única área del mundo en donde chocan los intereses de todos las grandes potencias putativas. En el área del Mar Caspio, fuertemente disputada, Rusia es una potencia en expansión, China es una potencia expansiva, y los EEUU, igual. No hay ningún otro lugar del mundo como este. Ellos están luchando unos contra otros consciente y activamente. La administración Bush está decidida a dominar esta área y a subordinar a estos dos rivales potenciales y prevenir que formen un frente común contra los EEUU. (Para más detalles sobre la lucha emergente por el poder en la cuenca del Mar Caspio, vea mi trabajo, Resource Wars: The New Landscape of Global Conflict [Henry Holt/Metropolitan, 2001].)
Entonces.¿cuáles son las implicaciones de este rediseño de la estrategia geopolítica de EEUU hecha posible por la derrota en la URSS en la Guerra Fría?
Obviamente es demasiado temprano para extraer cualquier conclusión definitiva sobre esto, pero algo puede decirse. Primero, Irak es sólo el comienzo de una empuje de EEUU en esta área. Veremos más expresiones y extensiones del poder de EEUU en la región. Esto provocará resistencias y oposición a los EEUU de parte de regímenes y grupos insurgentes. Pero los EEUU también llegará a estar enredado en conflictos locales que comenzaron mucho antes de la entrada de América en la región. Por ejemplo, el conflicto entre Armenia y Azerbaján, y el de Abjazia y Georgia -ambos con una historia larga- vendrán a impactar en la seguridad de EEUU a medida que Estados Unidos llegue a ser dependiente de las cañerías trans-caucásicas recientemente construidas. Las guerras afganas y chechenias continúan y dan su clasificación a la región. En todas esas disputas es bien posible la ocurrencia de intervenciones directas o indirectas, abiertas o encubiertas de los EEUU y de otros poderes contendientes.
Creo que estamos en los comienzos de una nueva Guerra Fría en el Centro sur de Eurasia, con muchas posibilidades para crisis y explosiones, pues en ninguna otra parte del mundo están Rusia y China tan directamente comprometidas y apoyando grupos y regímenes que se oponen a EEUU. Aún en el climax de la Guerra Fría, nunca hubo algo comparable a esto. Las tropas americanas se quedarán ahí por largo tiempo, con un alto riesgo de violentos encuentros y el potencial de grandes sufrimientos humanos. ¡Pareciera entonces que el movimiento por la paz internacional y en EEUU tiene por delante bastante trabajo!
Trad. F. García para Globalización, Revista de Economía, sociedad y Cultura
Deuda por territorio
Juan Gabriel Labaké
El tema de ese cónclave fue, justamente, la búsqueda de un sistema que les permitiera cobrar la deuda externa de los países del tercer mundo, dado que la cesación de pagos ("default") de México la hacía de muy dudoso recupero.
La conclusión fue que debían impulsar la privatización de las empresas estatales de los países deudores, para que con su producido se pagara la deuda. Tal propuesta se llamó: "deuda por activos".
De ahí en más, desde todas las usinas de acción psicológica de EEUU y los bancos, incluidos el FMI, el BM y el BID, se desarrolló una intensa e inteligente campaña de prensa (de acción psicológica) para convencernos de que:
… las empresas del Estado eran las principales culpables del déficit fiscal, por lo que, si deseábamos eliminar ese déficit, debíamos necesariamente privatizarlas; … más aún, al privatizar las empresas públicas, tendríamos superávit fiscal, con el cual podríamos financiar el crecimiento económico;
… si privatizábamos todo, los nuevos dueños (extranjeros, por supuesto) traerían tecnologías avanzadísimas, que nos aportarían gran confort,
eficiencia (competitividad empresaria) y bienestar social;
… nosotros, por naturaleza, éramos malos administradores, y por ello nos convenía entregárselas a los expertos privados extranjeros;
… además, las empresas públicas daban motivo a la corrupción.
De esa forma, apenas asumió Rodolfo Terragno como ministro de Obras y Servicios Públicos en 1987 (mandato del Dr. Alfonsín), propuso privatizar Aerolíneas Argentinas y ENTEL. El rechazo de la mayoría de los argentinos y la cerrada oposición del Partido Justicialista, cuya voz cantante fue el senador Eduardo Menem, abortó ese primer intento.
Poco después, asumió Carlos Menem y privatizó todas las empresas estatales abruptamente y sin ningún estudio serio ni previsión de controlarlas. Gracias a la campaña de acción psicológica citada, las privatizaciones de Menem, Dromi, Cavallo, Manzano y María Julia Alsogaray contaron con el beneplácito general, y "la opinión pública" las aplaudió como un gran logro del nuevo gobierno... La misma "opinión pública" que dos años atrás las había rechazado con energía. Tal es el poder de una inteligente campaña publicitaria, cuando cuenta con el apoyo de la gran prensa y de los fondos del Estado para sobornar conciencias en todos los sectores de dirigentes: políticos, empresarios, mediáticos, etc.
Hoy, una campaña similar ha comenzado y con mucha fuerza, para, en algún futuro no tan lejano, hacernos aceptar mansamente el canje de "deuda por territorio".
El primer paso de esa campaña ya está casi concluido: enormes grupos económicos extranjeros, anglo- norteamericanos en particular, han comprado inmensas superficies de campos, sobre todo en la Patagonia. Conviene recordar que exactamente así comenzó la usurpación del estado mexicano de
Texas, por parte de EEUU en la década de 1830. "Inocentes" y numerosos "colonos" anglo-norteamericanos compraron tierras en Texas. Cuando se sintieron fuertes, y con el decisivo y abierto apoyo del Departamento de Estado, armaron una revuelta "popular" que exigió por la fuerza (estaban bien armados) la independencia, primero, y poco después la anexión a EEUU. Esa decisión "democrática" de la "mayoría" de los texanos fue inmediatamente avalada por el Congreso de EEUU y Texas pasó a ser una estrella más de la bandera "americana" en forma totalmente "legítima" y "democrática". ¿Cuál es el motivo para que, en algún momento, no intenten hacer lo mismo con nosotros, si ahora tienen infinitamente más poder que hace 170 años, y cuentan con la posibilidad concreta y ya verificada de realizar una campaña de acción psicológica de resultados fulmíneos?
El segundo paso está en avanzada vía de ejecución: nos bombardean diariamente con una publicidad machacona, para convencernos de que los argentinos no sabemos gobernarnos y somos un desastre como sociedad.
Esa campaña insidiosa la ha iniciado y la comanda nada menos que el secretario del Tesoro de EEUU, Paul O'Neill. Una de sus insidias fue: "La culpa es de los argentinos que, en 70 años, no han logrado crear una sola industria fuerte" (haciéndose el distraído, por supuesto, respecto a las brutales e infranqueables trabas que su propio gobierno puso a la industrialización de la Argentina, especialmente entre 1945 y 1955).
Más tarde agregó: "los argentinos constituyen una sociedad desorganizada", olvidándose que, en cada disturbio o golpe militar que hemos sufrido en estos 70 años, ha estado siempre la mano de la CIA y/o de las multinacionales de EEUU, o la de Gran Bretaña (en 1930, la Standard Oil de EEUU; en 1955, la Embajada de Gran Bretaña la "Royal Navy"; en 1976, la Escuela Militar de las Américas, del Comando Sur de EEUU, que formó a los golpistas en la doctrina de la contra-revolución, y el "steering comitee" de bancos anglo- norteamericanos presidido por el Citibank, que recomendó a Martínez de Hoz como ministro de Economía; y hoy, todos ellos juntos, más el FMI, el BM, etc., como vimos en el informe del periodista Greg Palast y del Premio Nobel de Economía y ex jefe de economista del BM, Joe Stiglitz).
A la prédica de O'Neill, se han sumado las claques de siempre (extranjeras y nativas), hasta llegar al colmo dicho por Rudiger Dornbush (EEUU) y Caballero (Chile) hace sólo un mes: "los argentinos necesitan un gerenciamiento externo, pues ellos no saben hacerlo por sí solos".
Conviene observar y escuchar con atención la prédica de muchos periodistas y medios masivos de comunicación, que permanentemente se suman a esa campaña de disminuir nuestra autoestima como pueblo.
"En tal país, hay tal buena costumbre... ¡Ah, pero ése es un país serio, no como el nuestro...!", suele ser el latiguillo de muchos, muchísimos de ellos. "Éste país (‘éste’, como si no fuera nuestro) no tiene remedio", es otra cantinela.
La tercera etapa consistió (y aún consiste) en proponernos, como al pasar, múltiples métodos para pagar "civilizada y decorosamente" la deuda con territorios:
… Constituir reservas ecológicas.
… Certificados "verdes" o de oxígeno, para "aprovechar" nuestros extensos y ricos bosques.
… Grandes emprendimientos en conjunto con algún banco acreedor o grupo transnacional.
… Cesión de tierras para bases militares y/o científicas de EEUU.
… Privatizar el Banco Nación que tiene hipotecada una gran proporción de las tierras fértiles de nuestro país; si se privatizara el B. Nación, sus nuevos dueños (los bancos acreedores de la deuda externa, con toda seguridad) podrían apoderarse de todas esas tierras, con sólo ejecutar las hipotecas, como ya está haciendo impúnemente el Banco Hipotecario (privatizado) con miles y miles de deudores morosos.
… Y el último y más ingenioso (y por eso mismo, el más peligroso): emitir un nuevo bono estatal, que esté garantizado por un fideicomiso donde irían a parar todas las tierras fiscales; ese bono se entregaría a los acreedores, en canje por la deuda actual; ese mecanismo actúa, en la práctica, como una hipoteca, de modo que, si no pagamos tales bonos nuevos, el acreedor podría ejecutarlos y quedarse con su cuota del fideicomiso, es decir, con su parte de territorio...
La cuarta etapa (que también está ya en funcionamiento) es difundir masivamente la idea de canjear deuda por territorio entre los argentinos.
Al respecto, desde Chubut nos han informado que la consultora porteña "JORGE GIACOBE y Asociados" efectuó hace poco una encuesta en esa provincia que, al parecer, se repitió en Tierra del Fuego, Santa Cruz y Neuquen. Los diarios de la zona habían comentado el tema, pero nadie se animaba a declarar como testigo.
La semana pasada, Mónica Cané, de Comodoro Rivadavia, venció sus temores y relató lo sucedido, consignando, incluso, las temas sobre los que se le pidió responder.
Las preguntas más sugestivas fueron:
… Si aceptaría que se entregaran nuestros derechos sobre la Antártida para cancelar toda la deuda externa.
… Si aceptaría el trueque de tierras fiscales nacionales, y aún provinciales, en pago de la deuda.
… Qué imagen tenía de los candidatos presidenciales Mauricio Macri, Ricardo López Murphy y Patricia Bullrich.
Esa encuesta produjo tal revuelo en la Patagonia, que debieron tomar cartas en el asunto las autoridades provinciales. Sin embargo, en el resto del país, y especialmente acá en Buenos Aires, nada se supo. Ningún medio de comunicación, argentino o extranjero, "levantó" la noticia publicada en Comodoro Rivadavia. Es muy sugestivo.
La quinta y última etapa es, quizás, la más grave y alarmante. El presidente Duhalde contrató hace tiempo a un politólogo muy conocido en EEUU, el señor Norman Bailey, como su asesor político personal.
Es insólito, pero real. Dicho "experto" acaba de elevar al Dr. Duhalde un memo en el que le recomienda emitir los ya citados bonos garantizados por el fideicomiso de las tierras fiscales, para canjear por los actuales papeles de la deuda externa.
Simultáneamente, también el presidente Duhalde, por decreto Nº 533/2002 (Boletín Oficial del 22-03-02), ha contratado a tres empresas anglo-norteamericanas para que lo asesoren internacionalmente en cuestiones de la deuda externa y para que "preparen e implementen una estrategia... para conseguir financiamiento internacional". Es decir, tales consultoras de EEUU, de hecho, serán las encargadas de trazar un plan de renegociación de la deuda externa argentina, y de llevarlo a cabo.
Lo peor de todo es que una de esas empresas, la llamada ZEMIC COMMUNICATIONS, es de propiedad de nuestro bien conocido señor Henry Kissinger, y él se ha comprometido "a colaborar" en esa tarea. Kissinger no sólo es el mentor del pago de "deuda con activos", que tantas calamidades nos ha traído, sino que es uno de los principales (sino el principal) ideólogo del sistema de endeudamiento como instrumento de dominación de nuestros pueblos. A ello, se suma un hecho que roza el terreno delictivo: el señor Kissinger es representante y abogado (al parecer con 10 millones de dólares de honorarios) de la empresa multinacional ERIDAY que construyó Yaciretá y, en su nombre, nos reclama la fortuna de 1.500 millones de dólares por "mayores costos", cuando nuestros técnicos calculan que, a lo sumo, les debemos 100 millones.
Ese pleito está en pleno desarrollo. ¿Cómo es posible que el Dr. Duhalde designe a Kissinger para una función tan delicada, siendo el representante de un acreedor nuestro tan fuerte? Conviene recordar que Kissinger, además de todos los datos que hemos dado más arriba, está comprobada y criminalmente comprometido en el sangriento golpe de Estado que derrocó al presidente constitucional de Chile, Salvador Allende, en 1973, y que diera lugar al ascenso al poder del dictador Pinochet, correlato chileno del argentino Gral. Jorge Videla.
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MODELOS ECONOMICOS EN COLOMBIA
8.1 1958 – 1962 Alberto Lleras Camargo – Reconstrucción Nacional
después del gobierno militar de Rojas Pinilla, el Frente Nacional recibe el país con el propósito de poner en orden la sociedad de crisis. Además a pesar del importante proceso de modernización agrícola ocurrido en las dos décadas anteriores, en los sesenta se inicia un retraso en la agricultura con relación a las demandas industriales y de alimentos. Se suma el problema del desempleo debido a los procesos de modernización económica u a las migraciones del campo a la ciudad aceleradas por la violencia. En este ambiente se expidió la ley 135 de 1961, conocida como Ley de la Reforma Social Agraria la cual privilegió las mejoras en producción y productividad, mediante el desarrollo físico y tecnológico, relegando a un lugar muy secundario los beneficios sociales del campesino; abandonando así las pretensiones reformistas.
8.2 Guillermo León Valencia
Después del periodo de la violencia, se enfrenta esta administración al problema de la pacificación del país, con los problemas económicos de la devaluación de la moneda y el alto costo de la vida.
A pesar de su retórica reformista lo que se impuso fue una práctica desarrollista que afianzó la modernización en el agro, manteniendo latentes los problemas de propiedad y de pauperización de la población rural.
8.3 1966 – 1970 Carlos Lleras Restrepo - Operación Colombia
Plantea el desarrollo económico y social para establecer el orden en la casa. Diagnostica la desocupación; el bajo nivel de ingreso de los trabajadores, déficit de vivienda y falta de aumento de la producción.
Propone la tecnificación para el progreso de Colombia, la organización de las finanzas, el saneamientos de la administración pública, el estímulo a la inversión de capital extranjero y el establecimiento de una política de independencia económica de las grandes potencias estimulando la industrialización en Colombia y la integración con otros países latinoamericanos.
8.4 1970- 1974 Misael Pastrana Borrero – Las cuatro estrategias
Su propuesta es la de reorientar los recursos en forma masiva hacia las cinco ramas de la producción como la industria de la construcción, la vivienda, producción agrícola y aumento de exportaciones para distribuir el ingreso por habitante. Busca la generación de empleo en el sector urbano para lograr mayores niveles de ingreso y estimular la demanda. La migración campo – ciudad no la considera un problema sino un recurso por la transferencia de la mano de obra. Al sector que más auge le da para absorber esta mano de obra y propiciar la ampliación del mercado interno, es la construcción. Crea el sistema UPAC. Con este periodo finaliza el Frente Nacional y se inicia el ciclo de la historia contemporánea de Colombia que se ha llamado de la Apertura Democrática.
8.5 1974 – 1978 Alfonso López Michelsen – Plan para crear la brecha
La situación para los sectores populares y medios es bastante asfixiante; por lo tanto, con su plan para cerrar la brecha pretende ocuparse de los problemas sociales derivados del modelo de desarrollo anterior a través del crecimiento de la economía que hiciera posible la creación de empleo productivo para beneficiar al 50% más pobre de la población. Igualmente para dar respuesta al problema de insuficiencia alimentaria para el mediano y pequeño campesino lanza su programa bandera, el Plan de Alimentación y Nutrición (PAN). También crea el programas de Desarrollo Rural Integrado (DRI) cuya política se centra en la provisión de infraestructura, crédito, asistencia técnica y servicios sociales.
8.6 Julio Cesar Turbay Ayala – Plan de Integración Nacional
Pretendió buscar el desarrollo económico y social del país; sin embargo, en este periodo las condiciones económicas y políticas del país entran en un franco deterioro como resultado de los límites impuestos por el modelo liberal de desarrollo. Su propuesta económica se sintetizó en el Plan de Integración Nacional (PIN), planteando la descentralización económica y la autonomía regional, el desarrollo del transporte y de los medios de comunicación y del sector energético y minero, para lo cual se comprometió con megaproyectos que requirieron cuantiosos recursos públicos con cuotas de endeudamiento externo crecientes y con una importante participación de la inversión extranjera directa. Entre 1978 y 1982 la deuda externa pública creció en un 110%.
Se continúa con los programas del DRI y PAN pero con muchos menos recursos dadas las restricciones en el gasto público social al privilegiarse los sectores de infraestructura, energético y minero.
8.7 1982 – 1986 Belisario Betancur Cuartas – Cambio con Equidad
Su planteamiento permanente fue el de alcanzar la paz para todos los colombianos.
Sigue una estrategia de desarrollo económico con tres metas principales:
¨ Mayor crecimiento de los sectores productivos.
¨ Generación de empleo remunerativo.
¨ Mejor estar de la gente con ingresos menores.
Tuvo que afrontar la crisis de la deuda externa, el fortalecimiento del Grupo de Contadora y la anexión del Colombia a los Países no Alineados. Buscó fortalecer la industria, la agricultura y la minería. Afrontó el aumento acelerado de los precios, la inflación y el problema de la deuda externa que se generalizó en esta década por toda América Latina. Impulsó la Universidad a distancia y a pesar de sus programes masivos de vivienda sin cuota inicial, se presento una merma de actividad del sector de la construcción.
8.8 Virgilio Barco Vargas – Plan de Economía Social
Dentro de la estrategia social se propone tres planes:
¨ El plan de la erradicación de la pobreza absoluta y la expansión del empleo.
¨ El plan Nacional de Rehabilitación (PNR).
El Plan de Desarrollo Integral Campesino
Dentro de la estrategia de crecimiento económico son tres las políticas básicas:
¨ Reorientación del gasto público.
¨ Expansión de las exportaciones.
¨ Crecimiento y estímulo a la inversión privada.
8.9 Cesar Gaviria – Revolución Pacifica - Plan de Desarrollo Económico Social
En este periodo se impulsa la modernización del Estado en lo político y social, científico y tecnológico y en las relaciones Nación – Estado, Nación – Gobierno, cuya principal estrategia fue la apertura en el campo económico, político y social.
Apertura que significaba una mayor participación de la población Colombiana.
La apertura política se lograría a través de la Asamblea Nacional Constituyente.
La apertura económica cuyo énfasis está dado a partir de la competencia y eficiencia, plantea una reforma estructural y un ajuste institucional.
La estructural plantea tres reformas:
Al mercado de bienes con la liberación de importaciones y eliminación de sesgo antiexportador de la economía colombiana.
Al sector laboral con la eliminación del reintegro forzoso, eliminación de la pensión – sanción y el cambio sustancial en el régimen de cesantías.
Al mercado de capitales buscando un sistema financiero fuerte y eficiente que fuera capaz de dirigir recursos hacia los sectores productivos.
8.10 Ernesto Samper Pizano – El Salto Social
Los fundamentos del Plan están centrados en tres aspectos:
El nuevo ciudadano
La persistencia de niveles alarmantes de pobreza y la ampliación de la brecha de ingresos rural – urbano son síntomas de la necesidad de volcar los esfuerzos del conjunto del país hacia un gran salto social que acelere la propagación de los avances económicos al conjunto de la población.
El modelo alternativo de desarrollo
El modelo debe asimilar los efectos benéficos de la apertura económica, pero avanzar sustancialmente en cuatro campos:
En materia de desarrollo social
En materia de competitividad
En materia ambiental
En materia de desarrollo institucional.
El empleo como núcleo focal de desarrollo.
El empleo productivo como punto vital de encuentro entre el desarrollo económico y el desarrollo social.
La estrategia económica para la generación de empleo se basa en tres elementos:
Una política macroeconómica sana
Una estrategia de competitividad
Crear más y mejores emple
9 PLAN DE DESARROLLO MUNICIPAL
MODELO PARA UN MUNICIPIO EN COLOMBIA.
FIRMADO POR ACUERDO AVALADO CON EL CONSEJO MUNICIPAL
El consejo municipal de en uno de sus atribuciones constitucionales y legales y en especial las conferidas por el artículo 313 de la constitución política, Artículo 74 de la ley 136 de 1.994 y articulo 40 de la ley 152 de 1.994. Acuerda.
DE LA ADOPCION DEL PLAN DE DESARROLLO.
ART. 3. Visión: “en la próxima década de la ciudad, desarrollará su vocación LABORAL y se posesionará comercial, financiera y tecnológicamente”.
ART. 4. Misión: Propenderá por la utilización del territorio con su constructo social para arraigar los valores y principios desarrollando su cultura e identidad, dentro de un esquema de ciudad global que se competitiva internacionalmente posibilitando el crecimiento económico, social, cultural, ecológicamente sostenible.
ART. . Objetivos Generales.
Satisfacer las necesidades básicas de educación, salud, vivienda, servicios públicos domiciliarios y transporte en las zonas urbanas y rural del municipio. Ofrecer mayores oportunidades de empleo, recreación sana esparcimiento, deporte y cultura fundamentados en un manejo adecuado y sostenible del patrimonio ecológico y cultural con el fin de ofrecer a las generaciones futuras opciones de bienestar.
ART.. Estrategias de participación ciudadana.
Estrategias.
Generación de Empleo: Definir un sistema
METAS.
Promover la realización, por lo menos una vez al año, encuestas de hogares , a través del DANE, con el apoyo de la Cámara de Comercio, SENA, Empresas de Servicios Públicos, entre otros. Los resultados de esta encuesta no permitirá obtener datos económicos reales sobre empleo/ desempleo, población en edad de trabajar, nivel de ingresos, vivienda, emigración.
ART. . Estrategias de servicios públicos.
Estrategias: Revisar los Estudios de la Estratificación urbana y rural del municipio.
Metas: Adelantar la revisión de la Estratificación socioeconómica urbano-rural y los estudios requeridos para la creación del fondo de subsidios estrato BAJOS.
ART. – Estrategia de Valorización, Infraestructura vial y obras públicas municipales.
Estrategias.
Concentrar con la comunidad a través de los representantes de las comunas, la realización de las obras por el sistema de contribución por valorización.
Construcción de puentes Vehiculares.
Construir un puente vehicular que mejore las condiciones de tránsito en el sitio
10 TEORIAS ECONOMICAS
ESCUELA CLASICA.
Siglo XlX. Se les denomina también como liberalismo económico, individualista o capitalistas puros. Sus principales teóricos son: Adam Smith, Robert Malthus y David Ricardo. Su principal crítico de la época: Carlos Marx.
· Principios del liberalismo económico:
· Reconocimiento legal y respeto a la propiedad privada.
· Confianza en el interés y en las acciones individuales como determinantes del progreso colectivo.
· Consagración del trabajo como fuente de riqueza.
· Inquebrantable acatamiento a la libertad inherente a las personas y a las ideas.
· Libre competencia o concurrencia y libre cambio universal para el comercio de las cosas.
· Estimación del dinero como una mercancía.
· Adhesión a las leyes económicas naturales.
· Consideración del egoísmo como móvil esencial del hombre económico.
· Observancia rigurosa de la responsabilidad personal.
· Superación del derecho sobre la fuerza.
· Respeto al bien de familia y a la herencia.
· Desconfianza en la intervención del estado.
Integración de un régimen de impuestos basado en reglas de justicia, certeza, economía y comodidad para los contribuyentes.
ADAM SMITH: Su libro “la riqueza de las naciones”, plantea la mano invisible, un enfoque puro capitalista: toda persona tiene espíritu egoísta y crea sus negocios para resolver sus propios problemas económicos y para ello su meta es obtener ganancias de los negocios, pero sin querer, para lograrlo tiene que emplear gente, comprar materias primas, bienes finales o intermedios a los proveedores, pagar impuestos, etc. La suma de estas actividades y ganancias conforman la riqueza de las naciones.
Considera que solo la defensa nacional, las obras públicas, la administración de justicia, son finalidades del Estado. Es decir, plantea un estado no intervencionista en reacción a los postulados mercantilistas que proporcionan una excesiva intervención estatal.
También, dio la base de la teoría del valor, de la distribución y del capital analiza los problemas del crecimiento económico.
DAVID RICARDO: Se centra en el problema de la distribución. Expone la teoría del valor. El valor de los bienes depende de la cantidad de trabajo del hombre vinculado para hacer el bien.
Plantea un modelo que representa la evolución del cultivo de las tierras que comienza con las mejores y va descendiendo su productividad debido al incremento de la población. Los salarios se mantienen al nivel de subsistencia y los beneficios son iguales a los de la última parcela puesta en cultivo.
Estudia la evolución de las rentas de la tierra en el tiempo, puede la renta aumentar pero llega un momento de estado estacionario.
ROBERT MALTHUS: Toca el tema de la población. En ausencia de frenos preventivos, la población tiende a crecer por encima de las posibilidades de subsistencia.
Tal vez el peligro mas grave que podría sobrevenir por un aumento de la población sería la desocupación. Desde el punto de vista de la producción conviene el aumento de la población, puesto que mayor población significa mayor consumo; pero desde el punto de vista de la repartición, no conviene, puesto que se disminuiría la riqueza nacional per cápita.
Su planteamiento clásico es de la población crece a un ritmo geométrico y los recursos a un ritmo aritmético; por lo tanto, la tendencia es hacia el hambre, la miseria. Suponía en esa época que la productividad del hombre no crecía, además se vivía en la revolución comercial, no había llegado la revolución industrial que suscitaría la productividad del capital y de la mano de obra.
Con base en ese ambiente económico expone tres teorías, a saber:
La teoría de la subsistencia. Se debe mantener un salario bajo o de subsistencia de lo contrario, es decir, si suben los salarios las familias tendrían mas hijos.
La teoría del fondo de salarios. El mayor presupuesto está asignado para el pago de los salarios de subsistencia; si se incrementan los salarios, se descontrola el presupuesto o el fondo de salarios, por lo tanto es necesario continuar con los salarios de subsistencia.
La ley de los costos crecientes y de los rendimientos decrecientes. El salario es un costo y al subirlo los rendimientos bajan, luego hay que seguir con los salarios de subsistencia.
Como una reacción de estas teorías, surge la división del trabajo dadas las necesidades, a medida que se innova se crean nuevas necesidades y por consiguiente se suscitan utilidades.
La imposibilidad del hombre para satisfacer directamente sus necesidades y el significativo crecimiento de la población.
Esto implica la racionalización del trabajo, es decir, el máximo rendimiento del hombre produciendo mas en el mismo tiempo y con el apoyo de la técnica.
Como aplicación de lo anterior se hace mención al Taylorismo (1856-1915). El, en una empresa norteamericana observo como obrero la ley del mínimo esfuerzo y que los patrones o gerentes tenían una actitud pusilánime, pues se conformaban con poco, pagaban salarios promedios relativamente bajos y sus utilidades eran estables. Como efecto de lo anterior. La producción era baja y lenta, proponiendo como solución un nuevo sistema de trabajo. Propuso: eliminar los tiempos y movimientos inútiles por los adecuados al proceso productivo. El tipo estándar cronometrado, es decir , el hombre mecanizado que producía mucho y se convertía en el hombre modelo y por lo tanto generaría más salario.
Como consecuencia se logró aumentar la producción, se mecanizó al obrero y triunfo la producción en serie, o sea, se llego a la era de la productividad marginal del trabajo y del capital, produciendo mas bienes al menor costo posible y con mayores ganancias.
10.1 LOS MARGINALISTAS.
Siglo XX. Lo que mas caracteriza a estos autores es su método de análisis marginal, observando lo que sucede en un proceso económico cuando se produce la adición de un elemento infinitamente pequeño en la variable que se considera. En el área del consumidor se trata de maximizar su utilidad: en el caso de la producción se trata de maximizarla, minimizando sus costos para obtener el máximo beneficio.
Si los clásicos analizaban el problema del crecimiento, con una visión dinámica y macroeconómica, los marginalistas analizaban el equilibrio con un enfoque estático y desde el punto de vista microeconómico. Los orígenes del marginalismo cabe buscarlos en el abandono de la teoría del valor trabajo que es sustituida por el concepto de utilidad marginal.
Sus principales exponentes fueron: León Walras, Carl Menger y Jevons.
LOS NEOCLASICOS.
Siglo XX. El principal teórico de esta escuela es Alfred Marshall. Se reafirman los postulados marginalistas a través de los modelos económicos. Uno de los logros mas importantes fue la aproximación a los problemas económicos que se conocer con el nombre del equilibrio parcial, mediante la cual se seleccionan las variables relevantes en un determinado problema imponiendo fijo todo lo demás porque se estima que no es relevante para la cuestión que está estudiando.
Los modelos han sido muy útiles a mediados y finales del siglo XX, para ser aplicados en los países y lograr resolver los problemas económicos y llegar al desarrollo económico.
El problema radica en que los países en vías de desarrollo envían expertos a estudiar estos modelos que en ocasiones no son concurrentes al haber sido creados para economías ya desarrolladas. Por tal circunstancia, los economistas de los países en vías de desarrollo al recibir la capacitación de los países desarrollados en referencia a estos modelos deben ser mas creativos y no solo tratan de montar el modelo aprendido sino tratar de adaptarlo a nuestras características exógenas totalmente diferentes. Se debe aprovechar su formación cuantitativa, filosófica y en las áreas de las ciencias humanas para modificarlos, adaptarlos o mejor aún crear un nuevo modelo que sea el apropiado.
Por ejemplo, el modelo de moda para los países subdesarrollados, es el de Milton Friedman (el monetarismo o neoliberalismo) en el cual se trata de mantener estable la cantidad de dinero en la economía, es decir que sus aumentos sean proporcionales al crecimiento de la producción, para que no se suscite la inflación.
Es fundamental la libertad del mercado, que es básica para que se dé la estabilidad en la oferta monetaria, también es clave el control sobre la inflación aun a costa de la recesión, pues como es sabido, la caída de la producción suscita el despido masivo de trabajadores para luego por desempleo, ser mas fácil para los empresarios poder contratar a salarios mas bajos. Este fenómeno hace reducir los costos y por lo tanto los precios finales de los productos, lo que permite formar un factor importante para desacelerar la inflación de costos.
En cambio el otro modelo que se aplica también a los países en vías de desarrollo, el Keynesiano, considera que el dinero debe activarse para reactivar la economía, fenómeno independiente de que ocurra o no la inflación. La economía puede crecer a pesar de la inflación, para lograrlo recomienda la inversión pública a través especialmente del estado con generación de empleo, no importando mucho la presencia o el crecimiento del déficit fiscal.
Estos problemas económicos de la inflación y el déficit fiscal, se dan por la equivocada interpretación y aplicación del modelo Keynesiano diferente a que Keynes los postulara como efectos de su teorías.
El estado colombiano en el gobierno de Gaviria se inclinó por el modelo de Friedman, pero no se descarta la posibilidad de aplicar la teoría de Keynes (gobierno de Samper) u otro modelo recomendado por el fondo Monetario Internacional, según el momento político que viva el país y le convenga en su política económica.
Características del Keynesianismo.
Aranceles altos (impuesto a las importaciones) X > M
Economía cerrada proteccionismo contribuye al contrabando la especulación, la ineficacia y la corrupción en el manejo de los bienes del Estado. El estado debe producir lo que tenga ventaja absoluta comparativa y competitiva, lo demás lo debe importar.
Se sustituyo aquello que era intensivo en capital y no en mano de obra, por ejemplo: carros, petroquímicas, caucho, etc.
Se debía haber protegido a las intensivas en mano de obra, por ejemplo: La industria manufacturera en cuero y textiles, muebles de madera, etc.
Tasa de cambio demasiado alta. Devaluación que nos vuelve miserables ante el mundo, cuando cambiamos a dólares nuestros activos reales financieros. Lo valido es que aumentan las exportaciones (X>M)
Existencia de altos subsidios. El gobierno hace transferencia gratuita, regala el dinero, para ayudar a quebrar la desigualdad.
Un estado muy grande. Lleno de instituciones en funciones que le corresponden al sector privado, por ejemplo empresas productoras de bienes y servicios, institucionales financieras.
Impulso a la demanda agregada a través de la intervención del Estado. Que la economía tenga dinero para comprar el PIB.
Los medios de pago (M1 = dinero en circulación y en cuenta corriente) son superiores al PNB.
Monopolios del Estado.
Características del Neoliberalismo o Monetarismo
Intervención del estado a su mínima expresión.
Aranceles bajos (X
Subsidios se eliminan.
Se privatizan las empresas del estado.
Economía abierta que implica apertura económica, modernización y reconversión económica e integración económica.
Impulso a la oferta agregada, para que la gente compre más, más barato y haya más empleos estables.
Control a la inflación para estabilizar la economía.
Menores Costos de producción y mayores volúmenes de producción (economías de escala).
10.2 TIPOS DE ECONOMÍAS
Economía del Bienestar
Rama de la teoría económica que estudia la evolución de los principios de maximización del bienestar social.
Economía Aplicada
Utilización de la teoría económica para ayudar a resolver problemas económicos.
Escuela Clásica
Siglo XIX, se los denomina también como liberalismo económico, individualistas o capitalistas puros. Sus principales teóricos son: Adam Smith, Robert Malthus y David Ricardo. Su principal crítico de la época: Carlos Marx.
Principios de Liberalismo Económico:
Reconocimiento del trabajo como fuente de riqueza.
Confianza en el interés y en las acciones individuales como determinantes del progreso colectivo.
Consagración del trabajo como fuente de riqueza.
Inquebrantable acatamiento a la libertad inherente a las personas y a las ideas.
Libre competencia o concurrencia y libre cambio universal para el comercio de las cosas.
Estimación del dinero como una mercancía.
Adhesión a las leyes económicas naturales.
Consideración del egoísmo como móvil esencial del hombre económico.
Observancia rigurosa de la responsabilidad personal.
Superación del derecho sobre la fuerza.
Respeto al bien de familia y a la herencia.
Desconfianza en la intervención del Estado.
Integración de un régimen de impuestos basado en reglas de justicia, certeza. Economía y comodidad para los contribuyentes.
Robert Malthus: Toca el tema de la población. En ausencia de frenos preventivos, la población tiene a crecer por encima de las posibilidades de subsistencia.